Teatro

Un camarín con espejos rotos y una flor amarilla que encontré por ahí. Bombitas de colores blancas, que tienen vida propia, y el olor a humedad que tanto disfruto.

El silencio del Teatro combina perfecto con las alfombras rojas y los pisos de madera. La casa llena de espectros e historias de Reyes y Reinas que se cruzan con pueblos españoles de familias en luto. Todo convive ahí arriba. Todo pasa en ese lugar y es sólo por un instante.

Este amor es tan efímero, tan impredecible, tan audaz y obsesivo. Lo encuentro en el ruido del escenario ,cuando pisas despacito, en el murmullo de los aplausos, en los libretos marcados, ya indescifrables para el ojo ajeno, en las perchas que se rompen y en los maquillajes que siempre se pierden. Lo busco en las obras que nunca se estrenaron, en los amores de temporadas y en la mirada de aquel primer maestro, que nunca voy a olvidar.

Siempre veo en los teatros vacíos, algo. Una esperanza, una solución. Un motivo por el cual vivir. Quiero escuchar una canción, un cuento, algo que me haga creer un poco.

No hay manera de escaparse y aunque en ocasiones he tratado de resistirme, siempre perdí.

Porque el escenario es mi lugar, mi familia, mi casa.

 

“…y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos” Bodas de sangrede Federico García Lorca

 

Patricia Tiscornia

Noviembre, 2011

 

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